Recuerdo las comedias en las que el “fan”, es tocado por su “estrella” favorita y suelta la frase de: “nunca me he de lavar esta mano…”
Vaya, pues salvando la estúpida anécdota fílmica, hoy en una manifestación contra los recortes del Gobierno, me he cruzado con Joan Baldoví, diputado a las Cortes españolas por el grupo Compromís.
Y aquí mi propia anecdota: le he saludado, me he presentado y le he dado la mano. Hemos cruzado un par de palabras, y nos hemos despedido.
La cuestión no acaba aquí, con este escueto “telegrama”. Me ha parecido una mano interesante, suave pero de hombre, con ese momento de intensidad correcto en el que no aprietas ni te ves rebasado por la intensidad de tu interlocutor.
En esos momentos, la mirada, la intensidad correcta del contacto físico, la sencillez y elegancia, e incluso el tono de voz dice mucho, mucho, de una persona. Me ha parecido correcto y próximo, y al mismo tiempo me he percatado de que no es una persona cualquiera… y es, que pese a que todos somos iguales, no todos somos iguales.
