Archivo para 3 septiembre 2010

03
Sep
10

El azaroso caso de la mesita de noche.

Azaroso, desde luego que si.

Al salir del trabajo sobre las once de la noche, las calles están llenas de vehículos aparcados, de poca gente que aún deambula,  y… contenedores de basura repletos. A veces, dejan junto a ellos algún mueble, y eso es lo que vi anoche desde mi motocicleta, una mesita de noche de aspecto oscuro, antiguo, como de los tiempos de la guerra o de la época de la riada.

Al llegar a casa, durante la cena hablábamos de varias cuestiones mi mujer y yo, cuando le comenté mi avistamiento, y tratando el tema surgió la chispa, “pues podría valer algo”. Esta suposición desencadenó el deseo de averiguar cuanto.

No es que necesitemos el dinero pero siempre viene bien una ayuda y un poco de aventura, así es que nos vestimos informalmente y salimos con el coche hasta donde se encontraba el mueble.

Yo estaba nervioso por si alguien había recabado en él, o por si habían pasado los basureros, que se lo llevan todo y fue por esto por lo que no me puse zapatos para conducir, con unas chanclas playeras salí de casa sin pensar en lo mal que se conduce de esta guisa.

Cuando llegamos al lugar, paramos el coche y sin poder ver mucho más de lo que ya había visto desde la motocicleta, cogí la pesada mesita y la cargué en el maletero, teniendo que retirar los asientos para que cupiese.

A priori no parecía dañada ni rota, aunque le faltaban los tiradores. Me pareció un mueble muy sobrio, excesivametne sobrio pero grande, de buena madera y de edad considerable por su color en aquellas partes interiores no expuestas.

Continuó la aventura con la llegada a casa pensando en limpiarla, adecentarla, y pensando en a quién podríamos recurrir para venderla, si era vendible.

Ya en casa, después de bajarla del coche en el garage, subirla por la rampa y meterla en el ascensor, me pareció mucho más hemosa de lo que inicialmente me había parecido. Con gran esfuerzo y algo de agobiante calor, la limpié a conciencia con un desengrasante a base de jabón de Marsella y quedó perparada, como para una foto la hermosa tapa de nogal, las puertas, separadas por una columnilla salomónica,  y el interior, que se disponía en dos compartimentos separados uno con un cajoncito y el otro con una balda y un espacio de cerámica destinado a poner una escupidera.

La dejé en el salón donde daba la luz de los alógenos pero absorvía tanta que no se apreciaba el veteado de la madera a no ser que te acercases un poco. Encendí todas todas las luces de la habitación, cuando se mostró tal y como era, una preciosidad.

Por la noche mis pensamientos fluían pensando en que quizá había empezado una actividad interesante ya que siempre me han gustado las antigüedades y quizá encontrar, reparar y vender no esté tan mal a pesar de todo, y  me sentí como Giambattista Bodoni, el protagonista de la narración de Umberto Eco, en su novela de “La misteriosa llama de la reina Loana” ante su colección de libros: fascinado… y no dejé de pensar y pensar.

Conozco varios anticuarios así que al despertar, volvimos al agetreo de llevar y cargar la mesita hasta el establecimiento donde nos recibió su dueño que con cara de no mucho interés pero muy respetuoso nos dijo que no era una antiguedad, que si era vieja, pero no estaba dentro de su ámbito de negocio. Quizá en otros lugares, y eso hicimos llevar la mesita a otro lugar donde se vendían muebles usados.

La respuesta fue similar, además de que parece que existe cierta saturación del mercado del mueble antiguo y usado.

Con las ilusiones rotas volvimos a casa no sin antes dejar junto a un contenedor en un lugar apropiado la hermosa mesita ya que en mi habitación me es imposible tenerla por lo voluminosa que es. Me hubiese gustado conservarla pero así es la vida. El azar nos lleva y nos trae, y en ocasiones “metemos la pata”, erramos en nuestras actuaciones, al igual que podríamos haber acertado si hubiese sido un mueble de otra índole.

Mi mujer y yo nos mirábamos y sonreíamos pese a que también nos lamentábamos por haber paseado la mesita de noche por media ciudad, haber estado trabajando en ella para dejarla limpia y haber quedado como… un par de ingénuos amantes de los muebles antiguos. O mejor dicho, viejos, me refiero a los muebles.

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