Archivo para 11 octubre 2010

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Desconsuelo.

No tengo palabras para explicar lo que siento. Me encuento mal, como cuando ha felecido alguien a quien verdaderamente apreciabas. Puede parecer trivial el tema pero todo viene por la perdida de un anillo, un cabujón de lo que creo que era un granate grande, precioso, engarzado en un poco de oro, piedra que encontró mi madre de niña jugando con la punta de su zapatito en el barro junto a la puerta de su casa.

De las pocas cosas que tengo de mi madre el cabujón era lo más deseado, y me sorprendo a mi mismo preguntaándome ¿como se puede desear tanto algo material como para pasar tanta angustia? Quizá por ser un referente, algo que está continuamente presente en pequeños momentos de la vida y a lo que dotas de un espectro superior.

En poco tiempo me he desprendido de cosas que eran relativamente valiosas, y esto, junto al desasosiego en el que vivimos, ha debido de afectarme negativamente, tanto como para sentirme tan profundamente mal.

Quizá mis últimas lecturas tengan tambiíen la culpa. Lecturas sobre el recuerdo de las, personas, de los momentos y las cosas, el recuerdo de los recuerdos y el vacio de las vidas que revolotean sobre lo vivido como aves de mal aguero. Recuerdos que se entremezclan con los recuerdos creados para justificar las lagunas inmensas que los envuelven. ¿Lo habré tirado sin querer?, ¿lo habra cogido alguien involuntariamente para juger con él?, ¿algún ojo lo vió fuera de su lugar?, ¿alguna mano lo asió…?

En mi mente es como una película, una imagen exacta de lo que he perdido pero no sólo he perdido “eso”, me he perdido un poco a mi mismo. Y quizá sea esto lo que me ha angustiado.

No, no es miedo a Alzheimer ni nada por el estilo, no es miedo al olvido, es un mal sueño en el que recuerdas haber dejado un objeto en una mesa y al despertar del sueño te acercas a la mesa esperando encontar lo que dejaste.

La incomprensión de quien me rodea aumenta mi zozobra ya que para ellos no fue importante, no tuvo presencia, ellos no tiene la culpa, son totalmente inocentes y es precisamente eso lo que aumenta mi odio, mi repulsión.

Hacía mucho tiempo que no lloraba. Llorar por algo fundamenteal, desde que falleció mi padre pero no creas que lloro por la perdida, lloro por la impotencia, por la rabia y porque tenía que hacerlo así.

¿Qué ha sucedido…? No lo sé, he buscado hasta la extenuación todo un fin de semana, abriendo cajones y reabriendolos una vez más confirmando que lo que busco no está. ¡Maldita sea…!

Ha quedado el cansancio, el vacio… y el perdón. Quizá sea la suerte, y alguien lo encuentre como lo hizo mi madre, evidentemente ese anillo no hera para mí. Anillo maldito que me ha roto el alma.

Estoy agotado, agotado y vacío, noto mi alma rota y me falta el aire, e incluso estoy pensando en desacerme de todo lo material, de mis colecciones absurdas, de las joyas, de los libros, de todo lo que no me alimenta o me cubre.

Dolores más grandes viviré y otros aún mayores, espero no vivirlos pero os doy mi palabra de que no soportaría ahora un revés más, estoy cansado… tal vez haber perdido ese anillo sea la mejor lección que he tenido desde hace mucho tiempo.

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